15 de julio de 2011

Etxeko jana, como en casa

Hace unas semanas comimos en el Etxeko Jana de Bilbao. Está en el Capo Volantín, 15. Muy cerca del cruce con la calle Tiboli. No conocía el sitio, es la lonja del antiguo Yandiola, pero acertamos de pleno. Hace honor a su nombre. Y no lo digo por la comida, sino por el ambiente. Fue de lo más surrealista y a mi eso me encanta. Buena comida, mejor servicio, amabilidad y cero chorradas. Sin artificios.

El local es sencillo. Una mano de pintura en las paredes, unas cuerdas que dibujan palabras y se acabó. A la entrada un mostrador y una estantería con botellas de vino junto al gigantesco escaparate que parece el de una peluquerío por el tamaño de la cristalera. Me encantó.

Y es que la simplicidad no implica descuidar los detalles. Pedimos el menú del día, con el vino de la casa, y nos encontramos un gusto por el trabajo que cada vez es más raro. Un detalle: la botella de vino (un crianza del Campo de Borja) llegó a la mesa con aireador.

Lo mejor fue el trato. Como de costumbre, entramos pronto a comer. Sería la una. Todavía no había llegado el mensajero que les trae las hojas impresas con el menú de ese día, así que se disculparon, hicimos unas risas y nos cantaron la oferta. Mejor. Una ensaladilla de bonito sobre cama de tomate fresco y espaguetis con una salsa de salmón. Buena ración para abrir el tema y muy sabroso. El bonito tenía apellido, no era una lata de Isabel.

En ese momento aparece un chico por la puerta y me dice: "¿Dónde quieres que te deje el sobre?" Pongo el tenedor sobre la mesa, terminó de tragar y le contesto. "Déjale ahí mismo, en el mostrador". A mi, la verdad, me daba los mismo. Lo raro es que al mensajero le pareciera normal todo aquello.

Así que cuando regresó el camarero le dijimos que ya tenía sus menús, que estaban en el mostrador. Lo flipó un poco y después soltó unos cuantos improperios sobre el repartidor. Creo que no era la primera vez que hacía una de esas entradas estelares y se acercaba a los clientes para entregar un paquete que debía haber llegado a las 10.30 de la mañana. Un crack.

En fin. Que nos volvimos a reir un rato con los del Etxeko Jana.

Faltaba el segundo plato, unas brochetas de cerdo (vale, bien) y el postre. Tarta selva negra. Como para repetir. Con café y tal. 28 leuros la pareja. No es barato, pero merece la pena.

Por cierto, tiene pinta de tener otro comedor más chic en la entrepalanta. No dejaban de pasar pijardillas de esas tan de moda desde que han tuneado el botxo. Las muy incautas miran por encima del hombro cuando pasan junto a tu mesa camino de las escaleras. Estas no saben que ese paseillo es peor que un desfile de modas. ¡Chavala, acelera porque los de las mesas no te miran por lo bien que andas. Te están despellejando viva a cada paso! Es la ley de las terrazas.

13 de julio de 2011

And the winner is... Bombay Sapphire

Al final ya he comprado ginebra. La elegida ha sido Bombay Sapphire. Y efectivamente, sí, la he comprado porque regalaban una copa. Soy asín, que le vamos a hacer.

Aprovechando que pasaba por el Gorbeia, me he metido al Carrefour. Me hacía falta una silla de playa para no clavarme las hierbas asesinas de la campa en el pandero. Ya puestos he echado un ojo a los licores. Siempre tienen algo interesante y con la moda esta de la ginebra, la verdad es que la oferta ha crecido bastante. Me ha picado la Bulldog, la botella es preciosa, pero Bombay tenía algo que las demás no ofrecían (la copa, sí) y además era más barata. Bueno... menos cara. Hay que joderse con lo que castigan.

Al pagar ya he tenido que montarla. Soy un desastre. He marcado mal el pin de la tarjeta. Mi pin es el .... (epppa que no soy tan tonto). El tema es que no me he dado cuenta de que estaba diciendo en voz alta lo que he pensado al empezar a pitar la maquinita de la tarjeta y, claro, la cajera y el resto de la cola han flipado un poco. Así que he puesto mi mejor sonrisa de niño pillo y me he marchado disimulando. En plan Pantera Rosa. Ya sabéis.

O eso he intentado. El problema es que mi amiga Bombay no había dicho su última palabra y ha saltado la alarma. Piu, pìu, piu, Todo en ritmo bacaluti, Chum chum. .. . . . . . (los puntos son para marcar el ritmo). La cajera y la cola lo han vuelto a flipar. ¿Pero a mí por qué me miran? Qué yo ya he pagado, oíga.

Y entonces la cajera me dice: "Espera. Voy a llamar para que me digan dónde está la alarma en esta ginebra. Así no te pita en otro sitio".

-" Tranquila", le he contestado. "En mi casa no tengo de estos detectores de alarmas".

Creo que no ha pillado el chiste. En fin. Lo dicho: Bombay ha sido la ginebra elegida para los próximos meses.

Ahhh. Me han dado un vale regalo para 12 botellines de San Miguel si gasto 30 leuros. Eso suena a txokoooooooo.

8 de julio de 2011

Vamos de bares

bHoy viernes, es un buen día para presentar un nuevo álbum de fotos de bares. Iremos completándolo, claro está.

6 de julio de 2011

Un menú del día que no podrás terminar (Bar Sela)

Caímos en este bar por casualidad. El Sela, no lo conocía. Está en la calle Simón Bolivar, en Bilbao. Bastante más allá de La Taberna de los Mundos, donde no comimos porque era "demasiado pronto". Tengo la cuenta en la mano y es clara: 22 euros. Dos menús del día.

Y qué menús. De no poder acabarlos. La calidad es buena, sin florituras, pero con gusto. Arrancamos con una ensalada de pollo, queso y no sé que más, fresquita y sabrosa, y unos espaguetis con carne y tomate. Ración puro macho. De segundo, unos pimientos rellenos. Gigantescos. Cuatro por ración. En salsa. En cazuela de barro. Salvaje. Con dos piezas suficiente.

Del postre pasamos. No había donde meterlo. Tomamos café con hielo, que está incluido en el precio original. En la puerta, un cartel reza que es opcional el café o un chupito. Lo flipas.

El bar está sacado de una serie de los ochenta. Limpio, reformado por aquellos años, aunque agradable. Y el servicio es bueno. El camarero incluso dudó si cobrarnos menos porque no habíamos tomado postre.... Por si los estáis pensando... sí, no eran vascos.

 No es el típico sitio que recomendarías a alguien cuando pregunta, ni de los sitios en los que repites, sin embargo, si os pilla un día la hora de comer por esa zona. no deis vueltas. Al Sela de cabeza.          

4 de julio de 2011

Adiós Tanqueray, adiós

He pasado un año muy divertido con ella y ha llegado el momento de decirnos adiós. ¿Hasta cuándo? Tendremos encuentros esporádicos. Seguro. Los bares están para eso y la Tanqueray no fala en ninguno. Pero no volveras a ver mi casa. Unas cuantas de estas botellas verdes han pasado por el mueble bar en los últimos meses. Qué recuerdos, ainssss. Sin embargo, hay que evolucionar y dado que el otro día me terminé la botella, pues a comprar otra toca.

Tengo alguna que otra duda sobre la elección ginebresca para el próximo curso. Bombay es un valor seguro, aunque demasiado conocido. ¿Gordon´s? Eso es como invertir en oro. Acierto seguro, una de las mejores y casi la más barata (en relación calidad precio, inbatible), claro que se pierde la emoción de la compra.

Me pica la curiosidad la K-25. Amurriana. Como el Karpy.. Riauuuuuuu. Bulldog, impone. Hendricks, no me apetece. La lista es tan larga..... Masters podría ser, mas el recuerdo de su hemana pequeña (MG) le resta activos. Ya os contaré. Creo que al final, la decisión vendrá marcada por la irrefrenable atracción que tengo por las copas y vasos. Exacto. La ginebra que me regale una copa bonita es la que se viene pa' casa. Por un año. No es bueno enviciarse.    

2 de julio de 2011

Menuda cagada de camino

Hoy me ha dado por ir hasta el árbol Malato y he comprobado lo que llevaba tiempo sospechando: el ejercicio es una mierda. No lo digo porque no sea bueno para el cuerpo. De hecho, te sientes de maravilla. Sobre todo después de la birra de premio que te bebes al llegar a casa. Lo que he comprobado es que el camino ese del parque lineal del Nervión es un campo de minas

Las hay de todos los tipos y tamaños. Algunas pueden considerarse antitanque. Hay chorongillos resecos por el sol, plastas recónditas, cagolitas sinsorgas e incluso mondongos aplastados por la zapatilla de un caminante despistado. La gente calza mucha Nike, ¿eh? Desde que arrancas en Zubiko, paralelo a las vías, vas descubriendo el tipo de fauna doméstica del pueblo. Perros grandes, que cagan grande, perros pequeños que cagan pequeño y cerdos en general que la cagan sobre lo cagado. Para qué inventaría Dios la bolsa de plástico... Eso sí, lo peor empieza en las paserelas de madera que hay antes de llegar a Luyaondo. He visto una pesa que debía ser esférica, ya que el que la ha pisado ha dejado un círculo perfecto en el suelo. Que cosas. 


Una vez en casa, he abierto una Pagoa Pilsener. Hace quince días probé la Red Ale y tengo pendiente la Stout. Tengo que reconocer que deja un gusto duradero y reconfortante después de tragarla, pero la Red me pareció bastante mejor que la rubia tradional vasca. Es gaseosa y agradable al paso por boca, sin embargo, la primera sensación en la lengua es extraña. No se identificar el sabor -ya sabéis que yo bebo por vicio-, pero no me ha gustado demasiado. Supongo que es cosa mía. 


Por cierto, la birra después del ejercicio es sagrada y no se debe tomar de cualquier manera. Primero se bebe al menos medio litro de agua fresquita. Se mete el vaso al congelador y se espera un ratillo. Entonces ya podemos entrarle a la muchacha. Para la sed está el agua. Lo de la cerveza es por devoción. A la buena vida, claro.

30 de junio de 2011

Una día de caza en el Farketa 56

El Faisán es plato de reyes. Y la verdad es que algo de especial tiene. No falta quien se burla, diciendo que no es más que un pollo grande, pero merece la pena probarlo. En el Farketa 56, en Rodríguez Arias (Bilbao) tienen una completa carta de caza. Venado, corzo, faisán, pato (este no creo que venga del cmapo), jabalí...

Fuimos allá el domingo. Cuatro comensales. Todo el restaurante para nosotros. Como los pijardos que piden cerrar la sala para que no les molesten, aunque por casualidad. Eramos la única reserva. La primera opción no era la caza, pensamos más en pescado. Sin embargo, vista la carta, decidimos probar. Y acertamos. La digestión quiza fue un poco pesada (o tal vez fueron los gin tonics de después), mas la experiencia es muy recomendable.

Arrancamos con una ensalada de esas que llevan muchas cosas y unas setas a la planca. Las vimos al entrarm sobre el mostrador y resultó ser el mejor reclamo. Estaban buenas. Un día tonto, en barra, con una botella de vino tiene que estar de aúpa.

Luego llegó la caza. El faisán lo mejor. Limpio, sueve y sabroso. El venado me agradó. El corzo, algo más correoso obligaba a trabajar el masticado. Eso síu, la guarniciñon de patata con una especial e besamel ayudaba a deglutir todo aquello.

Para beber, tinto crianza de Elciego. Al pelo.

Una cenita en pareja en el Farketa 56 supera los 100 euros, pero un día es un dia y al menos una vez en la vida hay que dejarse caer por estos locales clásicos. El servicio es de primera