20 de abril de 2012

Arroz en LaMary

Frente a la Alhondiga, en Bilbao, ha abierto no hace mucho un nuevo restaurante. La Mary se llama. Tiene pinta de cadena, pero no lo pudo afirmar. La decoración muy rollo Pastis neoyorquino es de lo más acertada. Merece la pena venir solo por lo bonito que es el comedor.
El servicio tampoco está mal. Atentos, educados, correctos en todo momento.
Pero vayamos a lo central. El pepeo. Su fuerte es el menú del día. 9,95 es reclamo suficiente, pero además hay bastante donde elegir. Ojo que no reservan por lo que puede que te encuetres sin sitio. De todos modos, sirven desde la una. Más tranquilo.
Nosotros nos tiramos al arroz negro gratinado con ali oli. Es lo mejor que hacen. Hay que pedirlo para dos y la ración es más que generosa.
Luego, los segundos platos nos chafaron la experiencia. El rape con salsa de oricios no se llevaría un aprobado en ningún examen. El pescado muy hecho y la salsa con fuerte sabor a mantequilla. Una lástima.
Eso sí, el arroz negro es de nota alta. Bien acompañado por dos estrella damm de botellín (33cl).
Probad y ya me contareis


4 de marzo de 2012

Hablemos de Hendricks

Han pasado unos meses desde la última entrada. Siento no haber escrito nada y sobre todo siento no haberlo hecho por el comentario de una perdona que casi me envenena en su restaurante, pero ha llegado el momento de seguir adelante.
Vaya por delante que lo que cuento es lo que vivo y lo que critico es porque así lo he vivido o sufrido. El que se sienta dolido por mis publicaciones, dos problemas tiene. Estoy hasta los mismísimos de tanta tontería.
Ahora vamos al asunto de Hendricks. Nadie duda ya a estas alturas sobre la calidad de la ginebra. Entonces, mejor enfoquemos el asunto desde otro punto. Hablemos de pasta. La botella de Hendricks cuesta entorno al triple de una ginebra del día a día. ¿Merece la pena? Personalmente, sí. Para un copazo a la semana o menos que se nos permite disfrutar...
Lo que no está bien es pagar seis o siete euros por cualquier mierda de la que se sirve por ahí. Iremos citando locales y preparaciones, pero por el momento: ginebra premium y mucho mimo casero.


23 de agosto de 2011

Ein Prosit vs Lúpulo. Elijan ustedes. (Yo me quedo con el segundo)


Era uno de los duelos más esperados Apollo Creed contra Rocky o lo que es lo mismo Ein Prosit contra Lúpulo. Son los dos alemanes de Bilbao. El ying y el yang. Las dos caras de una moneda. Irreconciliables por alguna que otra putadilla del pasado.

Tenía ganas de hacer una comparación entre dos restaurantes que ofrecen algo parecido, pero de una forma muy diferente. Ética contra estética, la batalla final. La forma contra el fondo. El Ein Prosit, en la plaza del Ensanche, es la fachada. Su cerveza está buena, su comida está buena, sus hostias en la cuenta son buenas y sus parroquianos son de lo mejor. Tan refinada que sus pedos no huelen. No quiero decir que no me guste, porque me encanta ir a tomar y comer algo. Las raciones de barra son excelentes. Y qué decir del producto, de su propia charcutería.

El Lúpulo en cambio es auténtico. Y eso que  muchos clientes creo que no lo aprecian. El biergarten de María Díaz de Aro sirve un codillo asado de lo mejor que puedes comer. Y a la cerveza la tratan como merece, con respeto. No le toquéis los cojones al dueño porque os manda a la calle en menos que canta un gallo. Eso sí, cuando hay confianza son encantadores. Tienes la sensación de ir a comer donde unos amigos. Lástima que cada vez se vean obligados a tirar más de servicio latino. Las formas se resienten bastante. Por cierto, que en el Ein Prosit tienen el mismo problema, pero allá no esperas que sean amables, vista la fauna que se agolpa a la puerta.

El viernes donde los Thate, cenamos ensalada de codillo, tabla de jamón y beicon ahumado, y tabla de patés. Con dos medios litros de Franciskaner: 54 leuros. La ensalada muy buena. Lechuga con codillo desmigado por encima y un alineo con queso. Sabe como un kebab al que le has quitado el pan. El jamoncillo y tal está bueno. Los patés, de bocata para el recreo. Las raciones son muy grandes habría estado mejor no pedir los patés. Menuda digestión y que noche me dieron

El lunes donde Javi, apostamos por el jamón Selva Negra (me encanta), una tabla de ahumados y codillo asado. Eramos cuatro por lo que el número de cervezas creció en proporción (y un poco más). Los cuatro, bien cenados, 70 leuros. Cada uno que saque conclusiones. El codillo lo disfruté como un poseso. Estaba un poquito salado, pero para eso hay birra. Los ahumados, mejores que la última vez. Sacan piezas grandes de bacalao y salmón para que las cortes tú y se nota la calidad respecto al que ya viene en loncha. Lástima que se hubieran terminado los profiteroles helados con chocolate negro caliente que nos íbamos a meter de postre. Se salen. 

18 de agosto de 2011

Cervecería Alemana, el último refugio en Vitoria


Fachada de la Cervecería Alemana

Dicen que en el país de los ciegos, el tuerto rey. En el tema de las birras en Vitoria viene pasando algo parecido. Ya os he contado los problemas con la Guinness. No tienen solución. Sin embargo, sí hay un lugar en el que se puede tomar una caña con ciertas garantías. La Cervecería Alemana, en la calle Gerardo Armesto, 3 es un local sencillo en el que te saludan cuatro grifos de cerveza nada más entrar. Rubia Wahrsteiner -buena opción-; Franciskaner; Leffe tostada y brunne Grimbergen. Hasta la fecha, ninguna de ellas me ha fallado.

Y no soy el único satisfecho. La cervecería también da comidad y Pagazauskas la ha probado. Sin queja. En ambas ocasiones coincidimos en el menú. Ensalada ilustrada y variedad de salchichas (muy bueno). Tiene codillo, que no he probado, y algún pasatiempo como el revuelto y las patatas ‘a la cerve’. El revuelto no merece la pena. La ensalada ‘cerve’ está bastante mejor que la ilustrada, claro que cuesta el doble.
Un Grimbergen de otro día

Hoy he comido allí. Una ensalada ‘cerve’, Franciskaner y café con hielo. Tenían menú del día, pero no me apetecía comer tanto. Lo mío es mucho más sano, ¿dónde vamos a parar? Además, la salsilla de mostaza con la que aderezan los boquerones y el salmón ahumado, que acompaña a la lechuga y el queso de Burgos, añade un punto gracioso.

Para salir del paso con una sonrisa..   

17 de agosto de 2011

Una Guinness en cinco pasos. Por qué torturan la stout en Vitoria

Uno, dos, tres, cuatro y un chorrete por encima. Como os lo cuento. No salía de mi asombro. Hasta he buscado la cámara oculta, pero no. Lo del Slow, un pseudoirlandés que hay en la calle Fueros, 29 de Vitoria (justo en el cruce con la calle San Prudencio), ha sido increíble. Os conté que no había forma de tomar un Guinness en la capital alavesa y esta es la confirmación definitiva. No vuelvo a intentarlo.

Tenía ganas de entrar en el garito este. Así que como no me apetecía un menú del día he pasado, dubitativo, a mirar las raciones. Eso que llaman carta y que yo no acabo de entender. Unos platos combinados, unas ensaladas y una de croquetas no hace una carta ni de coña. En fin. Que mientras oteo un poco el asunto me preguntan qué quiero. "Una caña de Guinness, por favor", respondo apoyado en el grifo de stout y señalando con el dedo el tirador. El camarero desaparece un me trae una pinta de Amstel. Joder, tú. Ya sé que hablo rápido y no se me entiende y que en Vitoria las cañas se han convertido últimamente en cañones, pero era sencillo.
Hombre, la verdad es que pinta de irlandés no tiene

Entonces pongo cara de circunstancias y le comento que quería Guinness. "Entonces será una pinta, ¿no?", me dice. "Hombre, si puede ser media....". En eso que veo en la carta (joder que raro suena) que hay ensalada César. No era Caesar que es lo que esperabais, sino César (quizir, le echo lo que me sale del moño y cojonudo). "¡Espera!", me lanzo. "¿Podría ser una ensalada César? ¿Sí? Pues pon una pinta y ya voy comido".

Como las mesas donde estaba la peña con el menú del día no me gustaban, me he quedado en la barra,. Estaba sólo. Cómodo y fresquito. Claro que entonces que tenido que ver en primer plano la tortura a la que han sometido a mi Guinness. Pobre Arthur. No merece que le traten así. Va el tipo y pone el vaso bajo el grifo. Bien. Vamos bien. Baja el tirador de golpe hasta el final. Bravo. Comienza a salir la birra y cuando lleva dos dedos, para. ¿Cómo? ¿Qué haces? Observa y calla, he pensado. Regresa al de unos minutos y repite la operación. Otros dos dedos. Me han dado ganas de grabarlo, pero ha podido la vergüenza. Así hasta cuatro veces. A la quinta ha añadido un chorrillo de espuma. Él pensaba que de espuma porque para eso el tirador debe ir hacia delante, no hacia atrás.

No hace falta que os diga que no estaba mala. Veredicto final: Si queréis una Guinness no paréis en Vitoria. Nunca. Ni de coña. Huid. Lejos. Más lejos.

El esperpento no había terminado. La ensalada era lechuga iceberg, tomate, un minipicadillo de pollo y algo parecido a la salsa rosa. Sabía a queso, lo que me ha extrañado y horrorizado, no obstante, me he tranquilizado al ver que también había unos láminas de queso para sandwich.

Mi comida
Aunque si os parecía que esto es fuerte, esperad a que os cuente sobre la cuadrilla de lumbreras que se han colocado a mi lado. Su primer movimiento, espectacular, robarme el Marca. Lo ha movido dos centímetros para acercar el plato y voló. Pero no era para leerlo ellos. Dudo que supieran. Lo han movido al otro lado de la barra por alguna poderosa razón de equilibrio cósmico que no alcanzo a entender. Luego han comenzado a criticar a Messi por lo que cobra. "Mira que no se puede hablar con un culé por lo insoportables que son". Esta ha sido una de las frases más gloriosas que han soltado. Luego han alabado a Cristiano por lo buen jugador que es. Había disparidad de opiniones sobre el sueldo. Uno lo veía adecuado. De hay a los pilotos de Fórmula 1. Qué si son unos vagos, que si cualquiera puede conducir un coche. Hasta les ha quedado tiempo para insultar a Nadal.

Yo ya no sabía que hacer y le oigo al otro camarero decir "Pero esta gente de dónde se ha caído". Levanto la cabeza por si me hablaba a mí y como se ha dado cuenta de que estaba pensando en voz alta me suelta. "Qué aproveche, majo". "gracias, cóbrame", he contestado con educación.

Sirva todo esto para dejar claro que lo de la Guinness en Vitoria está muy jodido. De paso recordar a todo aquel interesado que el 23 de septiembre, a las 18.00 horas, tenemos el Toast to Arthur. No deberíamos perdérnoslo.

16 de agosto de 2011

Pagazauskas es el puto amo


El pasado jueves visitamos un local que nos recomendó el gran Pagazauskas; el Sushi Toki. Es un japonés que está en la calle Arbolantxa, 2 de Bilbao. Frente al Da Vinci y junta a la bocatería que tantas madrugadas habéis visitado antes de tirar pa’ casa más cargado que un sherpa en el Himalaya.

La experiencia merece la pena. Tiene su punto nostálgico para los que conocían Casa Bao. Es el mismo local y sigue pareciendo el mismo local. Paredes blancas, mesas, silencio y pocas chorradas. Como a mí me gustan los garitos. Lo pasamos bien y hasta tuvimos anécdota. El camarero, poco familiarizado con el castellano, confundió nuestro discreto blanco de Rueda con un tinto reserva de la misma casa. Un tipo peculiar. Lo que viene siendo raro, pero simpático. La encargada, o al menos lo parecía, flipaba con el pavo y con lo que nos cobró, pero lo solucionó rápido. Ya habíamos pasado la tarjeta, sin embargo, ella no se lió con chorradas. Metió la mano a la caja y nos devolvió en cash lo que había cobrado de más- Buena solución a un fallo tonto.

Pero vamos al papeo. Aleccionados por nuestro especialista en comida oriental preferido, pedimos sushi variado. Había que probar y nos gustó todo. Sobre todo fue muy agradable tener que esperar diez minutos largos hasta que comenzó en llegar comida a la mesa. Lo digo en serio. Eso es que estaban preparándolo sobre la marcha y no llevaba esperando en un plato desde la semana pasada. Vale, también podían ser la ostia de vagos… Por ahora confío en la primera opción.

También descubrimos un plato que yo no había probado y que se sale de la tabla: Ebite Maki. Ya, ya. ¿Por qué lo mejor de la carta se llame Ebite? ¿Para qué evitar lo más apetitoso del menú? Eso son lo misterios amarillos y esto un chiste malo, pero es que todavía me duele el bolo de los gin tonic del domingo (ya os contaré). En definitiva. El Ebite Maki es un langostino en tempura rodeado de arroz y un alga. Es decir un rollo de esos en el que el relleno es un langostino en tempura. Lo tiene todo. Presencia: los rollos los hacen a mano y los cortan en cuatro, por lo que los trozos son diferentes. Texturas: el arroz, la rebozado, el alga…. Mucho más agradable que los ricos langostinos en tempura del Mao y el Asia Chic. De hecho, prefiero este lugar al Mao.

9 de agosto de 2011

¿Una Guinness en Vitoria? Prefiero tirarme por un puente

Mucha estética y poca ética 
En ocasiones veo muertos. No, en serio. En ocasiones, quizá de tanto ver anuncios sobre las fiestas que organizan en St Patrick, te haces una idea que resulta no tener nada que ver con la realidad. Pensaba yo que en Vitoria se podría tomar alguna que otra Guinness, pero la verdad es que, hasta el momento, es mejor que te viole un mono de culo pelado que intentar tomar una buena pinta en la capital alavesa.

El domingo, ya sé que son fiestas y todo empeora, lo intentamos en O’Connors. Frente a la catedral nueva, al inicio de la  calle Prado. Sí, donde está el famoso Sagartoki (otro día hablaremos de los 20 minutos que tardan en atender en barra). Bueno, pues fue un desastre. Como no pague yo, no puedo insultarles por lo que cobraron, que sería demasiado, pero sí por vender una cerveza que empezaba a avinagrarse y encima estaba caliente.

El Molly Malone está muy bien decorado
Mira que intenté autoconvencerse de que no estaba tan mala. Y eso que la otra parte de mí, en cuanto vio el color de la cerveza, puso ya mala cara. Era obvio lo que nos esperaba. Mierda puta y poco más. No producía la arcada típica de la Guinness completamente avinagrada, pero no estaba buena. Y es que esta cerveza no aguanta más de siete días desde que se pincha el barril .Por favor, tasqueros del mundo, cuidadme la Stout.


No conforme con el fracaso, he decidido darle una segunda oportunidad a los seudo irlandeses de Vitoria. Hoy he pareado en el Molly Malone, en la calle San Prudencio. El local es precioso. Las cosas como son (el O’Connors tampoco está mal decorado), pero no se pueden cobrar 3,50 leuros por una madia pinta de Guinness. No me jodas, hombre.

Guinness@MollyMalone
La cerveza, thank’s God, no estaba picada. Tampoco caliente. Lo que no quiere decir que estuviera buena. Refresacaba, que ya es algo. Además, me dolía el estómago antes de tomarla y luego se me ha pasado. Claro que eso sería hambre. El tema es que en cuanto he visto a la camarera coger el vaso, inclinarlo y acercarlo a la caña me he puesto a temblar. Aquello no pintaba bien. Mi pinta no pintaba bien, jeje. Que rebuscado, ¿eh? No me preguntéis por qué, pero algo fallaba. ¿Ya estará eso bebible? La duda se ha disipado al ver el precio. Si hubiera cobrado dos leuros, habría marchado feliz, pero 3,5….. .

En fin que no quiero darme por vencido aún y volveré intentar encontrar un Guinness decente en Vitoria. No pido mucho, ¿no? Por el momento la única opción es coger el coche e ir a Llodio, a la Viña. Eso sí es una Guinness.