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23 de agosto de 2011

Ein Prosit vs Lúpulo. Elijan ustedes. (Yo me quedo con el segundo)


Era uno de los duelos más esperados Apollo Creed contra Rocky o lo que es lo mismo Ein Prosit contra Lúpulo. Son los dos alemanes de Bilbao. El ying y el yang. Las dos caras de una moneda. Irreconciliables por alguna que otra putadilla del pasado.

Tenía ganas de hacer una comparación entre dos restaurantes que ofrecen algo parecido, pero de una forma muy diferente. Ética contra estética, la batalla final. La forma contra el fondo. El Ein Prosit, en la plaza del Ensanche, es la fachada. Su cerveza está buena, su comida está buena, sus hostias en la cuenta son buenas y sus parroquianos son de lo mejor. Tan refinada que sus pedos no huelen. No quiero decir que no me guste, porque me encanta ir a tomar y comer algo. Las raciones de barra son excelentes. Y qué decir del producto, de su propia charcutería.

El Lúpulo en cambio es auténtico. Y eso que  muchos clientes creo que no lo aprecian. El biergarten de María Díaz de Aro sirve un codillo asado de lo mejor que puedes comer. Y a la cerveza la tratan como merece, con respeto. No le toquéis los cojones al dueño porque os manda a la calle en menos que canta un gallo. Eso sí, cuando hay confianza son encantadores. Tienes la sensación de ir a comer donde unos amigos. Lástima que cada vez se vean obligados a tirar más de servicio latino. Las formas se resienten bastante. Por cierto, que en el Ein Prosit tienen el mismo problema, pero allá no esperas que sean amables, vista la fauna que se agolpa a la puerta.

El viernes donde los Thate, cenamos ensalada de codillo, tabla de jamón y beicon ahumado, y tabla de patés. Con dos medios litros de Franciskaner: 54 leuros. La ensalada muy buena. Lechuga con codillo desmigado por encima y un alineo con queso. Sabe como un kebab al que le has quitado el pan. El jamoncillo y tal está bueno. Los patés, de bocata para el recreo. Las raciones son muy grandes habría estado mejor no pedir los patés. Menuda digestión y que noche me dieron

El lunes donde Javi, apostamos por el jamón Selva Negra (me encanta), una tabla de ahumados y codillo asado. Eramos cuatro por lo que el número de cervezas creció en proporción (y un poco más). Los cuatro, bien cenados, 70 leuros. Cada uno que saque conclusiones. El codillo lo disfruté como un poseso. Estaba un poquito salado, pero para eso hay birra. Los ahumados, mejores que la última vez. Sacan piezas grandes de bacalao y salmón para que las cortes tú y se nota la calidad respecto al que ya viene en loncha. Lástima que se hubieran terminado los profiteroles helados con chocolate negro caliente que nos íbamos a meter de postre. Se salen. 

18 de agosto de 2011

Cervecería Alemana, el último refugio en Vitoria


Fachada de la Cervecería Alemana

Dicen que en el país de los ciegos, el tuerto rey. En el tema de las birras en Vitoria viene pasando algo parecido. Ya os he contado los problemas con la Guinness. No tienen solución. Sin embargo, sí hay un lugar en el que se puede tomar una caña con ciertas garantías. La Cervecería Alemana, en la calle Gerardo Armesto, 3 es un local sencillo en el que te saludan cuatro grifos de cerveza nada más entrar. Rubia Wahrsteiner -buena opción-; Franciskaner; Leffe tostada y brunne Grimbergen. Hasta la fecha, ninguna de ellas me ha fallado.

Y no soy el único satisfecho. La cervecería también da comidad y Pagazauskas la ha probado. Sin queja. En ambas ocasiones coincidimos en el menú. Ensalada ilustrada y variedad de salchichas (muy bueno). Tiene codillo, que no he probado, y algún pasatiempo como el revuelto y las patatas ‘a la cerve’. El revuelto no merece la pena. La ensalada ‘cerve’ está bastante mejor que la ilustrada, claro que cuesta el doble.
Un Grimbergen de otro día

Hoy he comido allí. Una ensalada ‘cerve’, Franciskaner y café con hielo. Tenían menú del día, pero no me apetecía comer tanto. Lo mío es mucho más sano, ¿dónde vamos a parar? Además, la salsilla de mostaza con la que aderezan los boquerones y el salmón ahumado, que acompaña a la lechuga y el queso de Burgos, añade un punto gracioso.

Para salir del paso con una sonrisa..   

17 de agosto de 2011

Una Guinness en cinco pasos. Por qué torturan la stout en Vitoria

Uno, dos, tres, cuatro y un chorrete por encima. Como os lo cuento. No salía de mi asombro. Hasta he buscado la cámara oculta, pero no. Lo del Slow, un pseudoirlandés que hay en la calle Fueros, 29 de Vitoria (justo en el cruce con la calle San Prudencio), ha sido increíble. Os conté que no había forma de tomar un Guinness en la capital alavesa y esta es la confirmación definitiva. No vuelvo a intentarlo.

Tenía ganas de entrar en el garito este. Así que como no me apetecía un menú del día he pasado, dubitativo, a mirar las raciones. Eso que llaman carta y que yo no acabo de entender. Unos platos combinados, unas ensaladas y una de croquetas no hace una carta ni de coña. En fin. Que mientras oteo un poco el asunto me preguntan qué quiero. "Una caña de Guinness, por favor", respondo apoyado en el grifo de stout y señalando con el dedo el tirador. El camarero desaparece un me trae una pinta de Amstel. Joder, tú. Ya sé que hablo rápido y no se me entiende y que en Vitoria las cañas se han convertido últimamente en cañones, pero era sencillo.
Hombre, la verdad es que pinta de irlandés no tiene

Entonces pongo cara de circunstancias y le comento que quería Guinness. "Entonces será una pinta, ¿no?", me dice. "Hombre, si puede ser media....". En eso que veo en la carta (joder que raro suena) que hay ensalada César. No era Caesar que es lo que esperabais, sino César (quizir, le echo lo que me sale del moño y cojonudo). "¡Espera!", me lanzo. "¿Podría ser una ensalada César? ¿Sí? Pues pon una pinta y ya voy comido".

Como las mesas donde estaba la peña con el menú del día no me gustaban, me he quedado en la barra,. Estaba sólo. Cómodo y fresquito. Claro que entonces que tenido que ver en primer plano la tortura a la que han sometido a mi Guinness. Pobre Arthur. No merece que le traten así. Va el tipo y pone el vaso bajo el grifo. Bien. Vamos bien. Baja el tirador de golpe hasta el final. Bravo. Comienza a salir la birra y cuando lleva dos dedos, para. ¿Cómo? ¿Qué haces? Observa y calla, he pensado. Regresa al de unos minutos y repite la operación. Otros dos dedos. Me han dado ganas de grabarlo, pero ha podido la vergüenza. Así hasta cuatro veces. A la quinta ha añadido un chorrillo de espuma. Él pensaba que de espuma porque para eso el tirador debe ir hacia delante, no hacia atrás.

No hace falta que os diga que no estaba mala. Veredicto final: Si queréis una Guinness no paréis en Vitoria. Nunca. Ni de coña. Huid. Lejos. Más lejos.

El esperpento no había terminado. La ensalada era lechuga iceberg, tomate, un minipicadillo de pollo y algo parecido a la salsa rosa. Sabía a queso, lo que me ha extrañado y horrorizado, no obstante, me he tranquilizado al ver que también había unos láminas de queso para sandwich.

Mi comida
Aunque si os parecía que esto es fuerte, esperad a que os cuente sobre la cuadrilla de lumbreras que se han colocado a mi lado. Su primer movimiento, espectacular, robarme el Marca. Lo ha movido dos centímetros para acercar el plato y voló. Pero no era para leerlo ellos. Dudo que supieran. Lo han movido al otro lado de la barra por alguna poderosa razón de equilibrio cósmico que no alcanzo a entender. Luego han comenzado a criticar a Messi por lo que cobra. "Mira que no se puede hablar con un culé por lo insoportables que son". Esta ha sido una de las frases más gloriosas que han soltado. Luego han alabado a Cristiano por lo buen jugador que es. Había disparidad de opiniones sobre el sueldo. Uno lo veía adecuado. De hay a los pilotos de Fórmula 1. Qué si son unos vagos, que si cualquiera puede conducir un coche. Hasta les ha quedado tiempo para insultar a Nadal.

Yo ya no sabía que hacer y le oigo al otro camarero decir "Pero esta gente de dónde se ha caído". Levanto la cabeza por si me hablaba a mí y como se ha dado cuenta de que estaba pensando en voz alta me suelta. "Qué aproveche, majo". "gracias, cóbrame", he contestado con educación.

Sirva todo esto para dejar claro que lo de la Guinness en Vitoria está muy jodido. De paso recordar a todo aquel interesado que el 23 de septiembre, a las 18.00 horas, tenemos el Toast to Arthur. No deberíamos perdérnoslo.

16 de agosto de 2011

Pagazauskas es el puto amo


El pasado jueves visitamos un local que nos recomendó el gran Pagazauskas; el Sushi Toki. Es un japonés que está en la calle Arbolantxa, 2 de Bilbao. Frente al Da Vinci y junta a la bocatería que tantas madrugadas habéis visitado antes de tirar pa’ casa más cargado que un sherpa en el Himalaya.

La experiencia merece la pena. Tiene su punto nostálgico para los que conocían Casa Bao. Es el mismo local y sigue pareciendo el mismo local. Paredes blancas, mesas, silencio y pocas chorradas. Como a mí me gustan los garitos. Lo pasamos bien y hasta tuvimos anécdota. El camarero, poco familiarizado con el castellano, confundió nuestro discreto blanco de Rueda con un tinto reserva de la misma casa. Un tipo peculiar. Lo que viene siendo raro, pero simpático. La encargada, o al menos lo parecía, flipaba con el pavo y con lo que nos cobró, pero lo solucionó rápido. Ya habíamos pasado la tarjeta, sin embargo, ella no se lió con chorradas. Metió la mano a la caja y nos devolvió en cash lo que había cobrado de más- Buena solución a un fallo tonto.

Pero vamos al papeo. Aleccionados por nuestro especialista en comida oriental preferido, pedimos sushi variado. Había que probar y nos gustó todo. Sobre todo fue muy agradable tener que esperar diez minutos largos hasta que comenzó en llegar comida a la mesa. Lo digo en serio. Eso es que estaban preparándolo sobre la marcha y no llevaba esperando en un plato desde la semana pasada. Vale, también podían ser la ostia de vagos… Por ahora confío en la primera opción.

También descubrimos un plato que yo no había probado y que se sale de la tabla: Ebite Maki. Ya, ya. ¿Por qué lo mejor de la carta se llame Ebite? ¿Para qué evitar lo más apetitoso del menú? Eso son lo misterios amarillos y esto un chiste malo, pero es que todavía me duele el bolo de los gin tonic del domingo (ya os contaré). En definitiva. El Ebite Maki es un langostino en tempura rodeado de arroz y un alga. Es decir un rollo de esos en el que el relleno es un langostino en tempura. Lo tiene todo. Presencia: los rollos los hacen a mano y los cortan en cuatro, por lo que los trozos son diferentes. Texturas: el arroz, la rebozado, el alga…. Mucho más agradable que los ricos langostinos en tempura del Mao y el Asia Chic. De hecho, prefiero este lugar al Mao.

15 de julio de 2011

Etxeko jana, como en casa

Hace unas semanas comimos en el Etxeko Jana de Bilbao. Está en el Capo Volantín, 15. Muy cerca del cruce con la calle Tiboli. No conocía el sitio, es la lonja del antiguo Yandiola, pero acertamos de pleno. Hace honor a su nombre. Y no lo digo por la comida, sino por el ambiente. Fue de lo más surrealista y a mi eso me encanta. Buena comida, mejor servicio, amabilidad y cero chorradas. Sin artificios.

El local es sencillo. Una mano de pintura en las paredes, unas cuerdas que dibujan palabras y se acabó. A la entrada un mostrador y una estantería con botellas de vino junto al gigantesco escaparate que parece el de una peluquerío por el tamaño de la cristalera. Me encantó.

Y es que la simplicidad no implica descuidar los detalles. Pedimos el menú del día, con el vino de la casa, y nos encontramos un gusto por el trabajo que cada vez es más raro. Un detalle: la botella de vino (un crianza del Campo de Borja) llegó a la mesa con aireador.

Lo mejor fue el trato. Como de costumbre, entramos pronto a comer. Sería la una. Todavía no había llegado el mensajero que les trae las hojas impresas con el menú de ese día, así que se disculparon, hicimos unas risas y nos cantaron la oferta. Mejor. Una ensaladilla de bonito sobre cama de tomate fresco y espaguetis con una salsa de salmón. Buena ración para abrir el tema y muy sabroso. El bonito tenía apellido, no era una lata de Isabel.

En ese momento aparece un chico por la puerta y me dice: "¿Dónde quieres que te deje el sobre?" Pongo el tenedor sobre la mesa, terminó de tragar y le contesto. "Déjale ahí mismo, en el mostrador". A mi, la verdad, me daba los mismo. Lo raro es que al mensajero le pareciera normal todo aquello.

Así que cuando regresó el camarero le dijimos que ya tenía sus menús, que estaban en el mostrador. Lo flipó un poco y después soltó unos cuantos improperios sobre el repartidor. Creo que no era la primera vez que hacía una de esas entradas estelares y se acercaba a los clientes para entregar un paquete que debía haber llegado a las 10.30 de la mañana. Un crack.

En fin. Que nos volvimos a reir un rato con los del Etxeko Jana.

Faltaba el segundo plato, unas brochetas de cerdo (vale, bien) y el postre. Tarta selva negra. Como para repetir. Con café y tal. 28 leuros la pareja. No es barato, pero merece la pena.

Por cierto, tiene pinta de tener otro comedor más chic en la entrepalanta. No dejaban de pasar pijardillas de esas tan de moda desde que han tuneado el botxo. Las muy incautas miran por encima del hombro cuando pasan junto a tu mesa camino de las escaleras. Estas no saben que ese paseillo es peor que un desfile de modas. ¡Chavala, acelera porque los de las mesas no te miran por lo bien que andas. Te están despellejando viva a cada paso! Es la ley de las terrazas.

6 de julio de 2011

Un menú del día que no podrás terminar (Bar Sela)

Caímos en este bar por casualidad. El Sela, no lo conocía. Está en la calle Simón Bolivar, en Bilbao. Bastante más allá de La Taberna de los Mundos, donde no comimos porque era "demasiado pronto". Tengo la cuenta en la mano y es clara: 22 euros. Dos menús del día.

Y qué menús. De no poder acabarlos. La calidad es buena, sin florituras, pero con gusto. Arrancamos con una ensalada de pollo, queso y no sé que más, fresquita y sabrosa, y unos espaguetis con carne y tomate. Ración puro macho. De segundo, unos pimientos rellenos. Gigantescos. Cuatro por ración. En salsa. En cazuela de barro. Salvaje. Con dos piezas suficiente.

Del postre pasamos. No había donde meterlo. Tomamos café con hielo, que está incluido en el precio original. En la puerta, un cartel reza que es opcional el café o un chupito. Lo flipas.

El bar está sacado de una serie de los ochenta. Limpio, reformado por aquellos años, aunque agradable. Y el servicio es bueno. El camarero incluso dudó si cobrarnos menos porque no habíamos tomado postre.... Por si los estáis pensando... sí, no eran vascos.

 No es el típico sitio que recomendarías a alguien cuando pregunta, ni de los sitios en los que repites, sin embargo, si os pilla un día la hora de comer por esa zona. no deis vueltas. Al Sela de cabeza.          

30 de junio de 2011

Una día de caza en el Farketa 56

El Faisán es plato de reyes. Y la verdad es que algo de especial tiene. No falta quien se burla, diciendo que no es más que un pollo grande, pero merece la pena probarlo. En el Farketa 56, en Rodríguez Arias (Bilbao) tienen una completa carta de caza. Venado, corzo, faisán, pato (este no creo que venga del cmapo), jabalí...

Fuimos allá el domingo. Cuatro comensales. Todo el restaurante para nosotros. Como los pijardos que piden cerrar la sala para que no les molesten, aunque por casualidad. Eramos la única reserva. La primera opción no era la caza, pensamos más en pescado. Sin embargo, vista la carta, decidimos probar. Y acertamos. La digestión quiza fue un poco pesada (o tal vez fueron los gin tonics de después), mas la experiencia es muy recomendable.

Arrancamos con una ensalada de esas que llevan muchas cosas y unas setas a la planca. Las vimos al entrarm sobre el mostrador y resultó ser el mejor reclamo. Estaban buenas. Un día tonto, en barra, con una botella de vino tiene que estar de aúpa.

Luego llegó la caza. El faisán lo mejor. Limpio, sueve y sabroso. El venado me agradó. El corzo, algo más correoso obligaba a trabajar el masticado. Eso síu, la guarniciñon de patata con una especial e besamel ayudaba a deglutir todo aquello.

Para beber, tinto crianza de Elciego. Al pelo.

Una cenita en pareja en el Farketa 56 supera los 100 euros, pero un día es un dia y al menos una vez en la vida hay que dejarse caer por estos locales clásicos. El servicio es de primera

27 de junio de 2011

Se abre la veda. Mi primera crítica negativa

Sé que esperabais con ardor que pusiera a caer de un burro a algún restaurante. Y cierto es que hasta ahora, todos los lugares de los que os he hablado han salido bastante bien parados. El problema es que el sábado, por primera vez en mi vida, tuve que dejar el plato de comida en la mesa. Fallo mío, debía haber hablado con la camarera y que se llevara aquel desastre de vuelta a la cocina.., pero uno es vasco y ... no dije nada. Si llego a ser yankie, la lío.

Todo comenzó muy bien. La Garbatella, el restaurante italiano del CC Ballonti, es un local bonito, bien decorado. Llagamos sobre las 13.40. No había nadie comiendo. Nos atendieron rápido y bien. Pedimos la carta a pesar de que ofrecen un menú y bastante completo. Claro que por los 15,50 leuros del mismo, prefiero elegir libremente de la carta. Venía con la idea de tomar una Birra Moretti. ¿Tendrían? Y sí, la tenían 2,35 por el botellín de 33 cl. Un poco demasiado caro, la verdad (además, la carta reza 2.10, pero en fín).

Nos lanzamos a por una ensalada (buena, abundante, bien presentada) y dos platos de pasta Gnochi con salsa de azafrán (pasable) y papardelle con salsa de negra de txipis. Ayyyyy que dolor cada vez que lo recuerdo. Hasta se me puso mala gana.

¿Habéis comido alguna vez algo muy salado? No me refiero a algo tan salado que te resulta vomitivo, no. Hablo de un plato en el que hay tanta sal que se te revuelve el estómago, te entran nauseas y no quieres ni pegarle un trago a la cerveza. Joder. Qué no quería beber. En serio. NO ME APETECÍA NI UNA CERVEZA. Es que me mosqueo con solo pensarlo.

Lo peor es que si lo pienso fríamente, el problema vendría porque alguien se despisto y echo sal varias veces a ujn plato que no debe llevarla. Es una salsa de tintas de calamar, por Dios. Y no quiero insistir. Por qué es tan difícil que un cocinero haga este estropicio que uno le da vueltas a si la salsa estaría mala y de ahí ese sabor salado y un tanto picante en la punta de la lengua.

En fin. No siempre se acierta. Y la comida, que costó sus buenos 40 leuros, no me habría dejado mal sabor de boca de no haber estado tan salado. Eso sí, por favor, a partir de ahora, no sirváis la pasta en  un mar de salsa dentro de una bandeja tipo cuenco. O al menos poned dos platos y una espumadera para que podamos pescarla.

PD: La Birra Moretti está buena.  

20 de junio de 2011

Un fin de semana de los de antes; o casi

Siempre es bonito regresar a una de esas taskas que han marcado tus primeras farras. El sábado lo hicimos. Un poco más fino que antaño, pero con el mismo vino horrible; esa cosecha del 43 (que es el precio aproximado  de la botella en pesestas si le descuentas el casco) y acostumbrada sobremesa de bricolage improvisado con todo aquello que va quedando por la mesa. Esta vez creamos al rey Gometero. Tengo una foto por ahí que pronto subiré.
Bueno. Por cumplir con la obligada mención al restaurante, os diré que el Larrea de Llodio, el del callejón (no me preguntéis la dirección porque nunca le he sabido) es el típico lugar en el que una comida de la cuadrilla se tuerce hacia una borrechera de la cuadrilla. El pijo menú que elegimos (los hay más económicos) fue de 22 euros. Comprende todo lo que se os ocurra. Jamón y chorizo de entrante, espárragos, sus míticos champis en salsa (esto si que es recomendable), un revuelto de setas, croquetas y lengua rebozada... Suficiente para cualquiera.
Sin embargo, en el Larrea, y cuando ya llevas una hora comiendo (y bebiendo), pasan a preguntarte qué quieres de plato principal .Lo suyo es tirárse al escalope (y se canta: po, pon, po, pon , po, po, po , pon) o la chuleta. Otra clásico son los pimientos rellenos (de carne o pescado o ambos) y el bacalao al pil pil. Comida casera contundente y generosa. Si ya os habéis empachado, haced sitio para el postre, el café, la cope y el ... Ah no, que ya no se ofrece puro por eso de la ley anti tabáco.
Lo dicho. 22 euros, tres horas (cronometradas) a la mesa, unas canturriadas y a liarla. 

16 de junio de 2011

En Casa Manolo, Pamplona

Nos lo recomendó un compañero. "La semana pasada cené allí con mi madre" Me comvenció. "Buena cocina, tranquilo y no es caro", me había dicho antes. "Las raciones son muy grandes". Así que nos fuimos a Casa Manolo, en la calle García Castañón, 12.

La verdad es que las raciones no son tan grandes, aunque son mayores de lo que acostumbran a servir la mayoría de los restaurantes. Además, como es obligado pedir el ajoarriero con bogavante pues la tripada queda garantizada.

La cena sale por unos 85 euros la pareja. Muy buen precio para Pamplona. El truco para que no se dispare la cuenta está en el vino. No lo pienses y elije un blanco navarro. No sólo por economía, sino porque lo disfrutaras como un niño.

El restaurante es de los que ya no se llevan. En el primer piso de un bloque de pisos a cien metros del Paseo Sarasate, justo delante de la estatua de los jesuitas. No sé por qué la Compañía siempre acierta a señalar los lugares interesantes.

Te atienden dos camareros pelones que parecen gemelos. Unos cracks. Simpáticos, al menos a mí me lo parecieron, y tan parecidos que si no te das cuenta de que son dos, parece uno moviéndose a toda pastilla. Vale, quizás fueron las cañas de antes de entrar a cenar...

Pero vamos a tema del papeo. Abrimos con un jamoncito cojonudo y los típicos entrantes. Hay donde elegir sin miedo, lo que más apetezca. Era sólo una escusa para lo que debía de llegar. Íbamos a lo que íbamos, así que sin hacer mucho caso a la carta nos lanzamos al ajoarriero con bogavante. Por probar algo más pedimos rape y compartimos los platos. No acabo de ver claro esa manía que tengo de pedir dos segundos, por probar. Tengo que dejar de hacerlo. El rape estaba muy bueno, claro que tocado el bacalladito.... se queda en nada.

Y eso que no quedaba bogavante. ¿Cómo? "Le podemos poner unos langostinos", me dicen. Vale, contesto.  Lo que pienso en realidad es: y a mí qué me cuentas si yo lo que quiero es ajoarriero y tampoco confiaba nada en el bogavante que solo lo ponen para inflar el precio.

En resumen. Gran recomendacíón la que nos dieron y divertida velada glotona. Lo dicho: el ajoarriero se sale. Probádlo con el bogavante si queréis y nos contáis si mejora en algo. Lo dudo.

14 de junio de 2011

El sábado cené en el URBare de Bilbao

Hacía tiempo que querñia probar la cocina del URBare, en Campo Volantín. Me llamaban la atención sus copas de vino. Finas. Lo parecían desde la calle e invitaban a sentarse en esas sillas de un solo apoyabrazo. Son más cómodas de lo que parecen,

No terminaba de decidirme a reservar. Los tiempos no están como para pagar 150 leuracos por una cena para dos. Al final lo hice y la experiencia mereció la pena. Primero porque no hacen falta 150 leuros para cenar en URBare, segundo porque el ambiente es tranquilo sin ser un muermo y tercero porque la comida estaba de aupa. Hasta la música ambiente me gustó. Rollo italiano años cincuenta y ya a la medianoche algo de jazz poepro de ese tan de moda.

Abrimos el tema con un foie micuit con crema de castañas. A disfrutar como enanos. Eso sí, la espuma de ponche que acompaña, mejor la dejáis ahí, de aguantavelas. El romance es cosa del foie y la castaña.

Luego una ensalada de pulpo braseado. En la próxima parrillada lo incluyo. Lo de la ensalada no, que como dic un amigo, "engorda", pero el pulpo se sale. No creo que vuelva a probarlo sin brasear. Qué invento.

De prinmcipal pedimos txipis con arroz crujiente. La sorpresa vino por lo blandos y gelatinosos que estaban los jibioncillos. "Los uperizan", me dijo el camarero. En realidad no sé que les hacen, aunquie no me importa. Los pediría de nuevo.

Y de cierre, rape. Posiblemente lo mejor de todo, aunque no lo os recomiendo. Un rape así lo pongo yo en casa. El secreto es el producto. Sueltas la panoja en el mercado y lo marcaas en casa, en calzoncillos. Mismo resultado, cuarta parte de precio.

En resumen y con un godello de Valdeorras la cena se saldó por 112 euros. Repetiré

13 de junio de 2011

El viernes comí en el Deluxe Lounge

Good deal. Es la expresión que mejor refleja lo que ofrece el Deluxe Lounge (Calle Buenos Aires, Bilbao)
El local es agradable, rollo sofisticado pijardo, pero muy bien ambientado. El menú (lo cambian cada semana) bastante interesante. Además, si entras a comer de 13 a 13.30 horas te sale por 10 euros 50.

El restaurante está en la parte de arriba. Se agradece, es más tranquilo y apenas se oye el bullicio de la barra. Comedor txikito pero acogedor. Rollo muy NYC. A poder ser coged las sillas tapizadas en negro, son más cómodas. Me llamó la atención que los asientos son diferentes, incluso en la misma mesa. Hay una con sofá. Joder que incñomodo debe ser comer ahí. Lo bueno es que estéticamente la sala gana mucho

La comida estaba realmente buena. Yo pedí un saquito de pollo y pimientos. Es un hojaldre sobre el que sirven una pasata a base de pollo y pimientos (era difícil, eh?) No sé porque le llaman saquito, el relleno no va dentro de la pasta... En fin que lo pedí porque me apetecía decir saquitoooo. Quiero un saquitoooo. Suena bien y así le dejas a la camarera con el rollo de si eres retrasado o algo. Estaba riquísimo.

De segundo, costilla asada. Cumplidora. Sin alardes. Sin pega. Un poco gomosa tal vez.

En el postre, y siguiendo con el rollo NYC, me lancé a la tarta de queso casera. En vez de arándanos cubierta con mermelada de cerezas. Habría preferido los arándanos.

En la clasificaciñon de ramitas de eneldo que me he inventado para los restaurantes (mide la relación calidad precio)  le voy a dar 4 sobre 5. Con el tema de ir pronto el café te sale gratis (es lo que te descuentan del menú normal de 12,50), lo que da n coste muy competitivo. El problema es que las camareras vuelan para que termines pronto y dejes sitio al turno de las dos. Qué prisas hija. Déjame beberme la botella de Rueda (verdejo y viura) que nos has puesto con la comida. Agradable, aunque realmente cabezón.

Los que prefieran comer con crianza de Rioja les costará 15 leuros. El vino joven  entra en menú.

Lo dicho. El Deluxe Lounge es una opción muy recomendable si tienes que salir del paso un mediodía en la Villa.